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Cinco preguntas cruciales sobre las elecciones de noviembre en EE.UU.

Washington. El presidente Donald Trump y el demócrata Joe Biden han salido de sus convenciones partidarias convencido cada uno de que lleva un buen impulso. Las tasas de aprobación de Trump son peligrosamente bajas para un presidente, pero está muy vivo en el recuerdo de Biden y los demócratas la campaña de 2016, cuando Trump revirtió sorpresivamente las tendencias en octubre y venció a Hillary Clinton.
Cinco preguntas cruciales al entrar la campaña en la recta final:
¿Qué aspecto tendrá una campaña en medio del COVID-19?
En las próximas nueve semanas los candidatos multiplicarán viajes y discursos en el intento desesperado de ganar votos en medio de una pandemia global.
Trump tiene una agenda abundante de viajes y actos, según sus asesores. El formato es propio de la era del coronavirus: actos en hangares abiertos de aeropuertos con una concurrencia menor. La campaña dijo el viernes que será obligatorio el uso de la mascarilla. También planea una serie de discursos para anunciar sus planes y previsiblemente utilizará los poderes de su puesto —decretos e indultos— para mejorar sus perspectivas.
Biden planea viajar a los estados disputados a partir de la primera semana de septiembre después de permanecer durante estos meses en su casa en Wilmington, Delaware, desde la cual realizó sobre todo eventos virtuales. Uno de los jefes de campaña, Cedric Richmond, dijo que el exvicepresidente viajará, pero destacó que en sus eventos regirán las normas de de salud pública. No habrá grandes actos bajo techo y en todos se exigirá el uso de la mascarilla. Cabe esperar muchas mesas redondas, encuentros personales y sesiones de preguntas y respuestas. Para las reuniones más grandes, el modelo podría ser el acto al aire libre en que Biden aceptó la candidatura.
¿Quién será más capaz de ganarle votantes al otro?
Trump seguirá tratando de recuperar el voto suburbano, así como de las mujeres, las personas mayores, y ganar el de los independientes y los que no votaron hace cuatro años. Para ello pintará el panorama de una elección entre la anarquía y el orden, entre el socialismo extremista y la prosperidad económica. No importa que Biden sea un representante del establishment desde hace décadas y Kamala Harris, su compañera de fórmula, una ex fiscal. La táctica de Trump se basará en el miedo.
Si la campaña de 2016 es un indicio, cabe esperar que Trump aplique una estrategia de tierra arrasada si considera que está perdiendo en octubre. En esa elección la campaña apeló a toda clase de trucos, como invitar a los debates a mujeres que acusaron a Bill Clinton de violación.
¿Ataques a la familia de Biden? ¿Acusaciones de que está drogado o senil? No hay límite que Trump no esté dispuesto a cruzar.
Biden seguirá argumentando que Trump representa una amenaza fundamental a la democracia, que es un hombre egoísta, corrupto, incapaz de sentir solidaridad. Se presentará como un hombre sereno y experimentado con una agenda progresista en materia de cambio climático y justicia criminal, aunque no tanto como para servir de fachada para una toma “extremista” del poder como lo pinta Trump.
La campaña de Biden cree los votantes lo conocen lo suficiente como para que las descripciones de Trump no convenzan a nadie más allá de su propia base. Consideran que el mensaje de Trump abre la posibilidad de una amplia coalición que incluya desde progresistas que no aman al candidato hasta republicanos moderados.
¿Coronavirus y una sorpresa en octubre?
Biden ha definido su campaña como una ofensiva de la moral y la eficiencia contra Trump. La pandemia de COVID-19 ha intensificado ese enfoque. Según la campaña de Biden, el presidente no podrá esquivar el hecho de que la cifra de muertes supera los 180.000 y sigue aumentando, la de contagios se acerca a 6 millones, el desempleo está por encima de 10% y el Congreso no se pone de acuerdo sobre un nuevo paquete de ayuda económica.
Harris lo resumió en declaraciones horas antes del discurso de Trump en la convención: “La incompetencia de Trump no es novedad”, dijo, “pero en enero de este año se volvió letal”. El mandatario “fracasó en la tarea fundamental y más importante de un presidente, la de protegernos”.
Trump ha puesto sus esperanzas en un suceso que podría alterar la situación a su favor: la aparición de una vacuna que signifique el principio del fin de la pandemia durante su presidencia, antes de la elección. Su gobierno ha hecho todo lo posible por acelerar el proceso y la promoción de nuevos medicamentos aunque está claro que no son eficaces. “Produciremos una vacuna antes de que termine el año, tal vez mucho antes”, dijo en su discurso. Pero no está claro que la ciencia coincida con su agenda.
¿Son importantes los debates?
Son cruciales.
Las convenciones cumplieron en gran medida los objetivos de ambas campañas. Por eso los debates, previstos para el 29 de septiembre y el 15 y 22 de octubre, serán las oportunidades de mayor repercusión para que los candidatos destaquen los contrastes, alienten a su base y convenzan al segmento, pequeño pero crucial, de votantes indecisos.
Biden y su equipo dicen que ansían enfrentar a Trump cara a cara. “Los debates permitirán al vicepresidente obligar a Trump a responder por todas sus mentiras”, dijo Richmond.
También permitirán al demócrata de 77 años refutar el argumento de que es demasiado viejo. Richmond dice que el tiro le podía salir por la culata a Trump, que tiene 74 años y habitualmente destroza la sintaxis en largas divagaciones.
Algunos en el bando de Trump parecen coincidir. Después de tratar durante meses de presentar a Biden como un hombre débil y disminuido mentalmente, ahora destacan sus habilidades para tratar de reducir las expectativas del lado de Trump.
Jason Miller, asesor de la campaña de Trump, dice que Biden es mucho mejor polemista que Hillary Clinton.
¿Cuándo se conocerá al ganador?
Tal vez no sea la noche misma de la jornada electoral.
Las campañas y partidos han iniciado demandas en muchos estados sobre las normas para la votación en ausencia durante la pandemia, y los litigios podrían prolongarse si el resultado es estrecho el 3 de noviembre.
Republicanos y demócratas por igual alientan a sus seguidores a pedir boletas por correo, a pesar de que Trump sigue cuestionando la integridad de la elección aunque no se ha emitido un solo sufragio.
No cabe esperar cambios antes de la jornada electoral o en las semanas subsiguientes. Trump se niega a decir si aceptará una derrota, y Clinton ha advertido a Biden que no conceda la elección si el resultado es estrecho.
Lo único que está claro es que la fecha de la juramentación está consagrada en la Constitución, y el 20 de enero Trump o Biden prestará juramento.

Fuente=primerahora.com

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