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Barberías dominicanas una terapia de positivismo en época de pandemia

Los dominicanos en Nueva York son famosos por su alegría, su delicioso mangú, la bachata, el amor hacia el béisbol… y por las barberías.

Y es que más que simples sitios para que los caballeros se adornen y trabajen en su apariencia, las barberías de Nueva York son toda una experiencia, una inyección de vida, donde según clientes como el dominicano Enrique Montero, “todo aquel que llega serio o hasta con tristeza en el alma, sale con una sonrisa y con el caco (la cabeza) pelao y bonitillo”.

“Las barberías son más que negocios para nuestra gente, son sitios pa’ pasarla bien, pa’ ir a echar chercha (hablar con amigos) y pa’ enterarse de cosas de política y pelota que a uno le gusta hablar”, asegura el taxista de 47 años, originario de Samaná, quien sagradamente acude a un par de barberías del Alto Manhattan a su “terapia de belleza y positivismo”, como él mismo lo llama.

Y es que desde que un cliente pisa las barberías, el saludo amable de los barberos, que suelen saludar uno por uno a quien llega, las risas, las voces altas, donde todos escuchan las historias de todos, muchas veces sin queres, y música buena de fondo, forman parte de la experiencia de ir a recortarse. del escenario de las barberías. No en vano a Broadway hace varios años llegó un musical dominicano, que la rompió en taquillas y que no podía tener otro nombre que “la Barbería”, y que dibujó de manera fiel lo que significan estos lugares, donde además, se crean lazos de familia y hermandad.

Henry Paulino, barbero del salón Unisex Times, de Washington Heights, da fe de ello. Con gesto amistoso y presto a atender a quienes acuden a su barbería, el joven dominicano asegura que en plena pandemia del COVID-19, las barberías han salvado a muchos neoyorquinos del aburrimiento, la decepción y la angustia. Los barberos se han vuelto como los terapistas.

“Las barberías tienen ahora mucha más importancia que antes, porque uno ayuda a las personas a tener buena mentalidad y a sentirse bien“, dice el barbero, mientras muestra que a pesar de la informalidad que reina en muchos de estos salones, también han sido muy estrictos en seguir las medidas de seguridad, como el uso de cortinas de plástico que separan la silla de un barbero de los otros y el uso permanente de sus mascarillas.

Paulino agrega que cuando reabrieron las barberías en la Gran Manzana, se notaba la emoción y la felicidad de sus clientes, que llegaban por montones.

“Cuando estaba todo cerrado, la gente estaba muy depresiva. Muchos se veían muy barbudos y no se veían tan bien, y luego se reabrió, y cuando la gente se venía a recortar, se sentían mejor por el cambio y ahora se sienten contentos, en medio de tanta cosa”, comenta el barbero, mientras suena de fondo la cancinón “Siempre seré”, de Tito Rojas.

Sobre la manera en que estos negocios han enfrentado la crisis que ha dejado el coronavirus en Nueva York, el barbero dominicano advierte que “por fortuna”, a diferencia de otras industrias, las barberías han logrado mantenerse en pie pasito a pasito.

“Aquí seguimos. No ha sido fácil, pero creo que al paso vamos bien y sé que esto cada vez se va a poner mejor. Hay que ser positivos”, agregó Paulino.

Y al hablar de lo que tienen los dominicanos que hace que ir a sus barberías sea una experiencia muy agradable, el peluquero la tiene muy clara. “Somos gente muy amables, tenemos buenas relaciones con las personas y somos los mejores barberos de la ciudad”.

José de los Santos, quien trabaja en el negocio de los “recortes de pelo, afeitada de barba y “embellecimiento” de varones, coincide con su paisano en que los mejores barberos de Nueva York son los dominicanos y agrega otro ingrediente que hace que sus negocios siempre permanezcan llenos… bueno, ahora hay que esperar afuera o hacer cita, pero la clientela no los abandona.

“Nosotros no somos gente timida, siempre estamos hablando, estamos relajando y divirtiéndonos mucho con lo que hacemos, y eso le gusta a la gente. Incluso atendemos muchos blanquitos que vienen a practicar su español con uno”, dice el dominicano. “Somos gente positiva. El que llega aquí sabe que la va a pasar bien, va a salir viendose bien y nos vamos a reír. ¿Qué tal que uno estuviera siempre mirando mal, o con cara de guapo (enojado)… nadie vendría entonces, y menos en pandemia que la gente ya no aguanta más drama”.

Elnuevodiario

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