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Jueza Kenya Romero: “Nunca he sentido que mi seguridad se encuentre en riesgo ni la de mi familia”

Convencida de que su rol es tutelar derechos e impartir justicia sin temores ni presiones externas, la magistrada Kenya Romero tiene la impronta de ser la primera jueza de instrucción del país en poner tras las rejas a un mayor general activo del Ejército y a un exprocurador general de la República.

Por sus manos pasaron tres de los expedientes de corrupción de alto perfil sometidos a la justicia recientemente por las autoridades de la Procuraduría Especializada de Persecución de Corrupción Administrativa (Pepca), y los decidió sin que le afectara la investidura de los imputados a los que le tocó procesar en esos expedientes.

—¿Ha sentido temor por su integridad o la de su familia, debido a la envergadura de estos últimos procesos?

Nunca he sentido ningún tipo de temor. No he sentido que mi seguridad se encuentre en riesgo ni la de mi familia. Además no es la primera vez que conozco casos de alto perfil, ya que en mis catorce años siendo jueza, he conocido muchísimos casos.

Por ejemplo me tocó el caso de Arsenio Quevedo, el del exregidor de Pedro Brand (Erickson de los Santos Solís), el caso de los hermanos Buitrago, el exdirector de Inapa (Alberto Holguín), de Bienes Nacionales (Elías Wessin Chávez), el de Claudio Nasco.

O sea, muchísimos casos. Algunos de ellos de criminalidad organizada y que tienen que ver con narcotráfico. Por ejemplo el de Maconi, que tenía 16 imputados, 1,570 kilogramos de cocaína… Nunca he sentido que mi integridad está en riesgo ni la de mi familia. Ni ahora tampoco.

—¿Y su familia, le ha manifestado preocupación?

Es normal que los familiares, que no trabajan en esta tarea, sientan preocupación por el impacto de los temas que se abordan en la justicia penal. Sin embargo, ellos están preparados, saben que esa es mi vocación, que este es mi trabajo y entienden la dinámica.

—¿Qué desafíos representaron para usted los casos Operación Coral, Medusa y Operación 13?

La verdad es que para un juez, todos los casos tienen una responsabilidad importante. Primero porque se está tratando con derechos fundamentales… tú tienes su vida ahí sobre la mesa, sobre el estrado, para decidir y eso impacta necesariamente en una parte o en otra. Ahora bien, yo tengo mucha conciencia del rol que tengo de árbitro imparcial y garante de la tutela judicial efectiva. Me pasa como un médico cuando está haciendo una cirugía, que sabe que tiene la responsabilidad de la vida de una persona, pero hace su trabajo (…)

Sea una persona de alto perfil o no, el deber mío es ver el derecho, no a la persona. Porque cuando veo a la persona, estoy dejando de ser un árbitro imparcial. Porque lo estoy haciendo dependiendo de quien sea (…)

No ha sido difícil porque son procesos iguales a otros, aunque tienen algunos elementos que les incorporan aspectos distintivos en cuanto al manejo de la logística, de la seguridad y muchas otras cosas. Por ejemplo, la publicidad y la cantidad de imputados. Pero desde el punto de vista de mi rol, de la hermenéutica que yo utilizo para fallar, es la misma que utilizo en los casos con las demás personas.

—Dada la exposición mediática de estos casos donde hay gente tan poderosa, y donde la sociedad ha estado tan atenta, ¿cómo maneja la presión social a la hora de tomar sus decisiones?

Definitivamente, el día que se decide ser juez, ese día se asume que estamos sometidos al escrutinio social. Y evidentemente, todas las decisiones tienen una parte que va a tener una posición contrapuesta con las decisión, o sea, no va a estar de acuerdo con lo que el juez decidió (…)

Es un derecho de las personas de referirse y tener su parecer muy particular. Hay que entender que no todo el mundo tiene conocimiento jurídico y por tanto opina desde su percepción personal.

—Entiendo…

Pero mi rol no puede estar basado en la percepción, sino en el ejercicio jurídico (…), aunque en mi experiencia personal, (la gente) ha sido muy respetuosa conmigo… en general porque se han referido en favor o no a decisiones, pero no de manera personal respecto a mí.

—Entonces, ¿cuál es su método para no dejarse influenciar?

Cuando yo estoy en el marco del conocimiento de un proceso, no accedo a ningún tipo de información; no veo la televisión, redes, no veo nada de eso y por eso yo mantengo, quizás, esa tranquilidad y esa serenidad en el conocimiento de los casos.

Lo hago por respeto a las partes procesales y en respeto a mí misma para no contaminarme con ningún tipo de elemento periférico. Yo estoy como una hoja en blanco cuando estoy conociendo un caso. No veo nada de nada, no escucho nada ni permito que me digan nada en mi casa.

—¿Qué ha sido lo que más le ha marcado a usted durante su trayectoria como jueza?

Los casos donde hay menores víctimas de explotación sexual y comercial (…) Eso a mí, definitivamente, me colocó frente a una realidad cruel, porque no es lo mismo tu leerlo que escucharlo de las propias personas (…)

—Nos gustaría tener alguna reflexión suya dirigida a la sociedad que vigila cada vez con más celo el accionar de los jueces.

La sociedad está expuesta a información, está empoderada de sus derechos y demanda transparencia (…) El sistema judicial, en este caso, juega un papel esencial, ya que la gente necesita confiar en la justicia, y por eso cada decisión que emite un juez, a fin de cuentas, es una legitimación de las aspiraciones de las personas (…)

En general creo que es un momento importante para el sistema judicial, porque está siendo acompañado por la ciudadanía en esa aspiración de que las cosas se hagan bien, resguardando el debido proceso siempre. Es un momento que las personas se están acercando a la justicia.

—¿Cómo hace una mujer tan ocupada como usted para conciliar su vida profesional y la personal?

Uno tiene que hacer uso eficiente de los tiempos, se busca la forma. Además, tiene mucho que ver los equipos de trabajo. Los servidores y servidoras judiciales son la pieza fundamental. Cuando se hacen buenos equipos las cosas fluyen. También a mí me gusta mi trabajo y eso hace que todo fluya mejor, porque se hace a gusto y no me resulta pesado.

—¿Qué hace la magistrada para divertirse?

Hago una vida normal. Soy muy familiar. Siempre me reúno con familiares y amigos, soy de leer, de teatro, de hacer turismo interno. Esta es una parte importante, yo no puedo ser un buen juez, sino soy un ser integral. No es solo lo técnico, sino la parte humana.

La magistrada tiene dos hijos y asegura que sabe cocinar, y bueno (…)

diariolibre.com

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