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El béisbol, ese deporte que llena de orgullo y entretiene a la gran mayoría de los dominicanos, se juega sobre un terreno cargado de sueños y oportunidades, pero minado con prácticas ilegales, tramposas y mortales
En la carrera tras las Grandes Ligas, miles de niños y sus padres comprometen sus posibilidades de un futuro estable a cambio de una firma que se reserva para unos pocos y, en la ruta, algunos pierden incluso sus vidas, reducidas por el uso de las mismas sustancias a las que acuden para aumentar su rendimiento.
En una estrecha y humilde vivienda de Nizao, comunidad de la sureña provincia Peravia, a unos 60 kilómetros de la capital dominicana, cuelga de una pared la foto de Pedro Manuel Matos, conocido entre sus allegados como Juancito.
Su madre, Elisa Mercedes, muestra la imagen con dolor, el mismo que se le instaló en el alma aquel 4 de abril de 2013 cuando en la emergencia de un hospital municipal, un médico le indicó que ya su hijo, único varón y su primogénito, había fallecido.
Las lágrimas no han cesado desde entonces y su voz sigue tan quebrada como su salud. La imagen de su hijo, de 16 años, ataviado de pelotero y que camina por la calle del sector hasta perderse en una esquina, siguen carcomiéndola por dentro. (Seguir Leyendo)
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